En 1991 quien llegara a la Presidencia de la mano del Partido Justicialista, Carlos Menem, pronunció una frase que quedaría grabada tristemente en la memoria nacional: “Estamos mal, pero vamos bien”. Esas palabras fueron expresadas cual libreto neoliberal para justificar el aceleramiento de la aplicación de un plan económico cuya ecuación era simple: sacarte a lxs más humildes, para llenar los bolsillos de lxs más pudientes.

Hoy, a más de 27 años de que el riojano hiciera aquella célebre manifestación, el “estamos mal, pero vamos bien”, es repetido por la fuerza de Cambiemos como un mantra que se despierta de su sueño de ultratumba.

Sin embargo, hay una de las dos partes de esa frase que es real: la primera.

ES UN COSTO MÁS

Casi en “modo Macri” justificando el modelo económico del menemismo diciendo que “hay que bajar los costos, y los salarios son un costo más”, en dialogo con la emisora FM 95.3, el Intendente de Ayacucho, Emilio Cordonnier, se refirió al desmesurado aumento de las tarifas de los servicios públicos alegando que “la energía en general no es gratis, y tiene un costo”. Pero no se quedó ahí, sino que agregó: “Eso tenemos que ponerlo como una prioridad, como política de Estado”.

A lo largo de su argumentación, Cordonnier sacó a relucir su chapa de Licenciado en Administración, para comenzar a esgrimir una serie de consideraciones más propias del gerente de una empresa que de un jefe comunal.

En sintonía con el relato macrista nacional y provincial, habló del uso racional de la energía y la creación de consciencia en la sociedad. La célula de ese discurso, es arrojarle la culpa al consumidor al igual que lo hizo el Presidente nacional de la UCR, Alfredo Cornejo, quien sostuvo que “hay que consumir lo mínimo, justo y necesario”. Si bien es real que la educación para el consumo de recursos es central, exigirle a la ciudadanía de a pie que “ponga el aire acondicionado en 24 grados” o que “no anden en patas por la casa”, pero al mismo tiempo condonarle deudas millonarias a las empresas energéticas, es mucho más que un acto de hipocresía. Se trata, en especial, de un modelo político: que al trabajador/a le aumenta las tarifas, y a las grandes empresas les perdona cifras estrafalarias.

A su vez, y reproduciendo el disco grabado por Cambiemos, Cordonnier se pegó a la teoría de la “pesada herencia”. En este sentido, sostuvo que Argentina “pasó del autoabastecimiento energético, a estar comprando energía en otros países”. Parece ser que el Intendente de Ayacucho sabe muy bien de política energética, por lo que sabrá entonces del Plan Energético presentado en el año 2004 por el presidente Néstor Kirchner. Ese programa estratégico fue considerado por los expertos en la materia como “el plan energético más ambicioso de la historia argentina”; el cual ejecutó obras por $146.000 millones, entre las que se encuentran el tendido de 5.500 kilómetros de líneas de alta tensión que conectaron a 10 provincias antes postergadas, la conclusión de la represa hidroeléctrica de Yacyretá, la construcción de la Central Néstor Kirchner (Atucha II), y el Gasoducto del Noreste Argentino, solo por nombrar algunas. Además de la creación del ENERSA, que le permitió al país el ahorro de $14.000 millones de dólares en combustibles, y la recuperación para todxs lxs argentinxs de YPF, empresa privatizada por los mismos economistas que hoy están detrás de la política económica de Macri y Vidal.

Aunque algo de lo dicho por Cordonnier es cierto: Argentina comenzó a comprar energía al exterior. A partir del mes de mayo del año 2016, el Ministerio de Energía comandado por Juan José “Tarifazo” Aranguren, empezó a comprarle a Chile 5,5 millones de metros cúbicos diarios de gas, y 200 Mw de electricidad. Esto va en contramano del camino que Cambiemos afirmó en campaña que iba a recorrer para sobreponerse a la supuesta “crisis energética” dejada por el kirchnerismo. No solo incumplieron las promesas, sino que agravaron todos y cada uno de los indicadores. Desde que Macri entró a la Casa Rosada, por ejemplo, se aumentó un 26% la importación de crudo en el país.

No obstante, sería estéril redundar en números y estadísticas cuando lo concreto es que lo que está en punga en esta tan vilipendiada “grieta”, son dos modelos de país: uno que subsidiaba al consumidor, y otro que le impone tarifazos a lxs trabajadorxs mientras que le perdona deudas millonarias a lxs dueños de las empresas energéticas.

Esto no es producto de la casualidad, ni mucho menos. Es, básicamente, un objetivo. Pues, todas las grandes empresas están ligadas al Presidente y sus Ministros.

Por fuera de ese negociado quedan familias, comercios, y PYMEs asfixiadas al recibir cada boleta.

EL ÚLTIMO QUE PAGUE LA LUZ

Nada más oír a distintxs representantes radicales del ámbito local hablando de su acuerdo con la actualización de “facturas demasiado económicas”, pero aclarando su discrepancia con la metodología adoptada para llevarla adelante, hace pensar inevitablemente en la frase que abría esta nota: “Estamos mal, pero vamos bien”.

El discurso oficial se traduce en que si bien no comparten el camino, sí coinciden en el objetivo. Y la meta de los gobiernos nacional y provincial es la de transferir riquezas desde el sector más débil del entramado social, hacia el sector más acomodado. Ello apelando a la vieja y oxidada “teoría del derrame”.

Así lo dejó en claro la UCR nacional al negarse a debatir en el Congreso la política tarifaria, y al acercarle al día siguiente una “propuesta superadora” al señor Presidente, en la que no se cuestionaban los montos de los aumentos, sino los modos de pagos. Lo cual es equivalente a decir: “No le roben todo de una, robenle en cuotas”.

Este cuadro de situación guarda grandes (y tristes) similitudes con el contexto del Partido Justicialista durante la larga noche neoliberal que cubrió la década del 90´. En aquel momento, el PJ cedió su composición partidaria para que la oligarquía se travistiera en democracia luego de la caída de sus gobiernos de factos. Así, pues, continuó aplicando el mismo plan económico neoliberal, aunque disfrazado en un partido político.

Hoy la Unión Cívica Radical vuelve a cometer el mismo error. Le entregó su estructura partidaria a un partido vecinalista como el Pro, que no lograba pasar las fronteras de la General Paz, solo a cambio de llegar a sentarse en la cuarta fila de la mesa de decisiones.

Del mismo modo que el PJ en los 90´, la UCR ignora o prefiere ignorar que, llegado el momento en el que Cambiemos logre “marca propia”, ese partido centenario se transformará en prescindible.

El bloque de poder del cual hablaba John Willam Cooke, sabe que para legitimarse en democracia necesita de un instrumento político que le permita acceder, por vías no sangrientas, a los resortes del Estado.

El problema de los partidos con tradición popular nace cuando consideran que la oligarquía convidará una cuota de su poder con ellos. Pero hay un tema: el poder no se pide, el poder se disputa.

Y se lo hace siendo políticamente incorrectxs, e ideológicamente coherentes.

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